Estudios científicos

Heavy Drinking, Alcohol Use Disorder, and Obesity

Abstract:

Alcohol use and obesity are preventable risk factors that contribute synergistically to rising rates of liver disease and death.1,2 Concurrent risky alcohol use and obesity have increased in recent decades.3 However, to our knowledge, their prevalence after the COVID-19 pandemic is unknown, and concurrent alcohol use disorder (AUD) and obesity have not been examined.

Comentarios divulgativos:

EL CONSUMO EXCESIVO DE ALCOHOL SE ASOCIA CON MÁS OBESIDAD EN ALGUNOS ADULTOS.

El consumo excesivo de alcohol y la obesidad son dos problemas de salud importantes.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 una de cada ocho personas en el mundo tenía obesidad, una proporción que se ha más que duplicado entre los adultos desde 1990.

Resumen de la investigación

Diseño del estudio: observacional de tipo transversal (encuesta poblacional)

Pregunta de investigación: ¿Cuántos adultos estadounidenses tienen a la vez un consumo excesivo de bebidas alcohólicas y obesidad, y en qué grupos es más común esta combinación?

Objetivo del estudio: Actualizar los datos sobre la prevalencia conjunta del consumo excesivo de bebidas alcohólicas y la obesidad en adultos de Estados Unidos, y describir cómo varía esta concurrencia según sexo, edad, raza/etnia, ingresos y cobertura de seguro médico.

Metodología: Análisis transversal de los datos de la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH) de 2023, con datos de 45.133 adultos ≥18 años representativos de la población adulta estadounidense (~257,5 millones). A partir de información autoinformada, se estimó quiénes bebían en exceso (hombres: ≥15 bebidas/semana o ≥5/día; mujeres: ≥8/semana o ≥4/día), quiénes tenían un patrón de consumo compatible con un trastorno médico por consumo de alcohol problemático y quiénes presentaban obesidad (índice de masa corporal (IMC) ≥30 kg/m2). Después se analizó con qué frecuencia estas condiciones coincidían en la misma persona, comparando los resultados según sexo, edad, origen étnico, tipo de seguro médico e ingresos.

Conclusiones principales de la investigación:
Aproximadamente 1 de cada 10 adultos (el 9%) estadounidenses tenían simultáneamente un consumo excesivo de bebidas alcohólicas y obesidad. El 3,8% presentaba obesidad y un trastorno por consumo de alcohol. Factores como el sexo, la edad, la raza/etnia o el tipo de seguro médico modificaban esta asociación. Afectando en mayor medida a los adultos jóvenes y de mediana edad, hombres, personas sin seguro médico y a determinados grupos étnicos.

Datos destacados: En 2023, en Estados Unidos, la asociación entre obesidad y consumo excesivo de bebidas alcohólicas era más frecuente en hombres de 35-49 años (13,6%), mujeres de 26-34 años (11,9%) y adultos negros o afroamericanos no hispanos (11,9%). La asociación entre el trastorno por consumo alcohólico y la obesidad era más frecuente en hombres (6,2%) y mujeres (5,1%) de 26-34 años y adultos nativos hawaianos u otros isleños del Pacífico (7,3%). Ambas combinaciones fueron más comunes entre personas con menor cobertura sanitaria, aunque el consumo excesivo de alcohol también aumentó con el nivel de ingresos.

Valoración crítica

¿Qué se sabía antes sobre este tema?
El consumo excesivo de alcohol y la obesidad son dos problemas de salud importantes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 una de cada ocho personas en el mundo tenía obesidad, una proporción que se ha más que duplicado entre los adultos desde 1990 (3). En cuanto al alcohol, unos 400 millones de personas en el mundo padecían trastornos por consumo de alcohol en 2019, y el consumo nocivo causó 2,6 millones de muertes anuales, el 4,7% de todas las defunciones globales (4). La coexistencia entre el consumo de alcohol excesivo y la obesidad no es desconocida. Un estudio previo con datos representativos de población estadounidense (NHANES 1999-2020) ya había documentado que la prevalencia conjunta de consumo excesivo de alcohol y obesidad había aumentado en las últimas dos décadas pasando del 1,8% (IC 95%, 1,2%-3,1%) en 1999-2000 al 3,1% (IC 95%, 2,7%-3,7%) en 2017-2020 (5).

¿Qué aporta de nuevo y por qué es relevante?
El estudio de Shuey et al. (2026), publicado en JAMA Internal Medicine como Research Letter, ha actualizado estos datos, observando la coexistencia del consumo excesivo de bebidas alcohólicas y obesidad con una frecuencia del 9% (IC 95%, 8,6%-9,6%). Y al igual que en el estudio anterior, Shuey et al. encuentran variaciones según la edad, el sexo y la raza/etnia. E identifica subgrupos concretos de alta prevalencia sobre los que puede ser relevante implementar acciones preventivas específicas. Esto es especialmente relevante porque tanto la obesidad como el consumo excesivo de alcohol favorecen alteraciones metabólicas (aumento de síntesis de triglicéridos, estrés oxidativo, inflamación de bajo grado y resistencia a la insulina) y hay datos que sugieren que el daño hepático puede incrementarse
(mayor progresión de la fibrosis hepática y peor supervivencia) (6).

Limitaciones
Sin embargo, es importante matizar el alcance de esta investigación para interpretar los resultados. Al tratarse de un estudio transversal, no permite establecer si el consumo excesivo de alcohol precede a la obesidad, si ocurre a la inversa, o si ambas condiciones se desarrollan de forma paralela. El uso de datos autoinformados tanto para la estimación del consumo de bebidas alcohólicas como para el cálculo del IMC puede dar lugar a una subestimación de ambas condiciones, ya que las personas tienden a infraestimar su peso y su consumo de alcohol; además, el IMC es una medida indirecta de adiposidad y puede no reflejar la proporción de grasa corporal. El estudio tampoco tiene en cuenta otros factores que pueden influir tanto en el peso como en el consumo de alcohol y que son factores de confusión relevantes, como por ejemplo la alimentación, la actividad física, el tabaquismo o el uso de medicación. Otro potencial sesgo es que a personas que han reducido o abandonado el consumo de alcohol por motivos de salud, y por lo tanto menos sanos, sean clasificadas como bebedores ligeros o abstemios, dando lugar a un grupo comparativamente menos saludable. Por último, las diferencias entre subgrupos se presentan de forma descriptiva, sin análisis estadísticos que confirmen si las variaciones observadas entre subgrupos son significativas. Asimismo, cabe señalar que el estudio de Shuey et al. (2026) estudio se centra exclusivamente en consumo excesivo y en trastorno por consumo de alcohol, sin explorar si la asociación entre obesidad y consumo de alcohol varían según el nivel de consumo (ej. ocasional, moderado, excesivo) y tampoco explora si la asociación con la obesidad varía según el tipo de bebida consumida cerveza, vino o licores.

¿Qué se sabe sobre la relación entre consumo moderado y obesidad?
La obesidad es consecuencia, en gran medida, de un desequilibrio energético donde se consume más energía de la que se gasta. Así pues, desde un punto de vista energético, el alcohol que aporta 7 kcal por gramo es el segundo nutriente más denso energéticamente, por detrás de las grasas (9 kcal/g) y muy por encima de los carbohidratos y las proteínas (4 kcal/g). En consecuencia, un consumo elevado puede contribuir al balance energético positivo (7). En estudios observacionales de cohortes, donde se ha seguido a un grupo de población a lo largo del tiempo se ha visto que la asociación entre el consumo de bebidas alcohólicas y el riesgo de obesidad depende en gran medida del nivel de consumo. Una reciente revisión sistemática y metaanálisis de la evidencia publicada hasta 2020, que analizó datos de más de 2 millones de personas adultas en todo el mundo mostró que quienes bebían en exceso tenían un 32% (IC 95% 16-51%) más de probabilidad de presentar sobrepeso/obesidad y un 25% más de probabilidad de obesidad abdominal, en comparación con quienes no bebían o bebían poco. En cambio, no se encontró una asociación significativa con el consumo ligero o moderado (8). Revisiones anteriores habían llegado a conclusiones similares: Bendsen et al. (2013), en un metaanálisis de 35 estudios observacionales, encontró que el consumo diario de cerveza superior a 500 mL se asociaba a mayor obesidad abdominal, aunque los resultados sobre obesidad general fueron contradictorios (9). En la misma línea, Sayon-Orea et al. (2011) revisaron 27 estudios y hallaron resultados igualmente heterogéneos (10). Además, estos trabajos apuntan que en parte la heterogeneidad entre estudios podría explicarse por factores como la actividad física, los hábitos alimenticios, la genética, el sexo y el tabaquismo. No obstante, existe una fuerte controversia y falta de consenso sobre cuál es el nivel de consumo de alcohol que puede considerarse seguro especialmente en personas que ya presentan sobrepeso u obesidad (11).

¿Qué se sabe sobre la relación entre consumo moderado de vino y obesidad?
La mayoría de las investigaciones no han evaluado como influye el tipo de bebida alcohólica en la asociación con el riesgo de obesidad, lo que impide evaluar si varía según se trate de cerveza, vino o destilados. Algunos resultados sugieren que el impacto sobre el peso corporal no es uniforme entre los distintos tipos de bebidas. A continuación, se detallan algunos de estos resultados: El estudio transversal SUVIMAX observó una asociación entre el consumo de <1 copa/día de vino y un menor IMC en hombres, en comparación con los abstemios o consumidores excesivos (12). En dos estudios de cohortes en población danesa la ingesta de vino no se asoció con mayor riesgo de adiposidad, aun cuando la ingesta total de alcohol sí mostraba asociaciones positivas, y uno de ellos observó una relación en forma de U entre consumo moderado de vino y menor aumento del perímetro de cintura, indicador de obesidad abdominal (13,14). Asimismo, tampoco se observó asociación entre el consumo de vino y la ganancia de peso o el riesgo de desarrollar sobrepeso/obesidad en la cohorte prospectiva SUN con casi 10.000 participantes españoles. Mientras que el consumo elevado de cerveza o licores (≥7 bebidas/semana) sí se asoció con un mayor riesgo (15). Recientemente, en mujeres estadounidenses el estudio prospectivo CARDIA observó que un aumento en la ingesta de vino se asociaba con una menor ganancia de IMC a los 5 años, en comparación con quienes mantenían un consumo estable (16). Resultados consistentes, con los del UK Biobank, en el que el consumo de vino tinto y vino blanco/champán se asoció con menor perímetro de cintura en ambos sexos, mientras que los consumidores de bebidas espirituosas se asociaban con valores más elevados de adiposidad central (17,18). Finalmente, dos ensayos clínicos mostraron que un consumo regular de vino durante seis semanas no modificó el peso ni la composición corporal en hombres jóvenes sanos (19), y que dos dietas de 1.500 calorías con un 10% de energía procedente de vino o delzumo de uva tuvieron el mismo impacto en el peso corporal (20). Este patrón diferencial entre bebidas alcohólicas podría estar relacionado con la composición polifenólica del vino, con el contexto social en que se consume (generalmente acompañando comidas) y con el patrón mediterráneo de ingesta, aunque la evidencia no es suficiente para establecer un efecto protector y los resultados no son consistentes entre estudios (21).

Conclusiones e implicaciones prácticas y de investigación
La evidencia disponible sugiere que la obesidad y el consumo excesivo de alcohol comparten determinantes socioeconómicos y de estilo de vida y que cuando ambas condiciones coexisten dan lugar a un perfil de alto riesgo de enfermedad. Aunque los datos de estudios transversales como el de Shuey et al. no permiten establecer relaciones causales, sí ponen de relieve la magnitud del problema y la concentración de esta doble exposición en adultos jóvenes y de mediana edad y en determinados grupos socioeconómicos, lo que refuerza su relevancia desde la perspectiva de la salud pública. En relación al consumo moderado de bebidas alcohólicas, los resultados sobre su asociación con el riesgo de obesidad apuntan a una relación menos clara, especialmente en el caso del vino, lo que subraya la importancia de disponer de estudios que distingan con claridad entre niveles de consumo (ligero, moderado y excesivo), patrones (consumo regular frente a episodios de borrachera) y tipos de bebida, y que controlen rigurosamente factores de confusión como la dieta, la actividad física, el tabaquismo o los tratamientos farmacológicos. Considerando la evidencia disponible, las recomendaciones deben centrarse prioritariamente en evitar los patrones de consumo excesivo y en la mejora del estilo de vida en su conjunto.

Referencias

1. Shuey B, Anderson TS, Wharam JF, Liebschutz JM, Luo J, Suda KJ, et al. Heavy Drinking, Alcohol Use Disorder, and Obesity. JAMA
Intern Med. 2026; e260428. doi:10.1001/jamainternmed.2026.0428.

2. Heavy Drinking Is Linked to Obesity in U.S. Adults. Vinetur. 2026 Apr 20. Disponible en:
https://www.vinetur.com/2026042199333/heavy-drinking-is-linked-to-obesity-in-us-adults.html.

3. World Health Organization. Obesity and overweight. Fact sheet. 2024. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-
sheets/detail/obesity-and-overweight.

4. World Health Organization. Global status report on alcohol and health 2018. Geneva: WHO; 2018. Disponible en:
https://iris.who.int/server/api/core/bitstreams/32b161e9-5683-40f5-a1c3-1c92a76d5cda/content.

5. Raza SA, Sokale IO, Thrift AP. Burden of high-risk phenotype of heavy alcohol consumption among obese U.S. population: results
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diet and binge ethanol intake. Clin Mol Hepatol. 2020;26(4):586–594. doi:10.3350/cmh.2020.0100.

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10. Sayon-Orea C, Martinez-Gonzalez MA, Bes-Rastrollo M. Alcohol consumption and body weight: a systematic review. Nutr Rev.
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