¿Puede realmente el vino salvar el buen nombre del consumo moderado de alcohol?

3 de julio de 2024

Esta es la pregunta que lanza un estudio reciente titulado “Alcohol, health loss and mortality: can wine really save the good name of moderate alcohol consumption?» realizado por investigadores de las universidades de Cracovia y Katowice de Polonia, y publicado en la revista Polish Archives of Internal Medicine.

En el artículo se valora que los efectos del consumo de alcohol en la salud después de muchos años de investigación siguen siendo controvertidos. Mientras que es incuestionable que un consumo elevado constituye una de las primeras causas de riesgo de muerte o discapacidad en el mundo, un consumo bajo-moderado podría asociarse con un menor riesgo de mortalidad y de complicaciones cardiovasculares (CV). Ante esta disyuntiva surgen varias preguntas, una de ellas es: ¿Existe un nivel de consumo de alcohol que puede resultar beneficioso? Y una segunda, y no menos importante: ¿Existen diferencias en el efecto en la salud entre los tipos de bebida?

Para, de alguna forma, contestar a estas preguntas, los autores revisan primero la historia del consumo de alcohol en la sociedad desde el paleolítico hasta nuestros días. Posteriormente, remarcan que aproximadamente el 33% de la población mundial consume alcohol (25% de las mujeres y 40% en los hombres), lo que corresponde a 2.500 millones de individuos, mostrando un incremento en los últimos 30 años y una predicción de que seguirá aumentando. En Polonia, el consumo es de unos 11 litros de alcohol puro per cápita y año, un nivel por encima de la media, predominando la cerveza (más del 50%) y los licores (36%). A comentar que la situación en España, aunque con menor consumo per cápita (unos 10 litro per cápita y año), es bastante similar.

En su revisión los autores analizan numerosos estudios observacionales que demuestran un menor riesgo de muerte y de algunas complicaciones CV asociados a un consumo bajo-moderado de alcohol. Sin embargo, destacan que los resultados de algunos de estos estudios han sido objeto de revisión, ya que podrían haber estado sesgados por la inclusión en el grupo poblacional de referencia de los bebedores ocasionales, algún grupo de abstemios, y muy especialmente los ex–bebedores (muchos dejaron de beber por razones de salud). Con ello, algunos meta-análisis más recientes han encontrado que al cambiar el grupo de referencia y aplicar múltiples ajustes estadísticos, el beneficio del bajo consumo de alcohol desaparece o disminuye, pasando a ser estadísticamente no significativo. En cualquier caso y bajo nuestro criterio, una ausencia de beneficio no debe confundirse con un incremento de riesgo, y estos resultados no respaldan la tesis de algunos grupos que alertan sobre el incremento del riesgo con cualquier nivel de consumo. Sin embargo y volviendo al artículo, los autores argumentan que admitiendo que el consumo bajo-moderado de alcohol pueda reducir globalmente el riesgo de muerte y de algunas enfermedades CV,  especialmente el infarto de miocardio, en algunos estudios también se asoció con un mayor riesgo de otras enfermedades, y por tanto, concluyen que no existe una cantidad comprobada de alcohol que sea beneficiosa y segura para la población general. No obstante, cabe remarcar que varios estudios han encontrado que menos de 100 – 140 gr de alcohol a la semana (menos de dos bebidas/día) en hombres y la mitad en mujeres, pueden ser niveles de bajo riesgo y así lo sostienen numerosas entidades científicas e instituciones.

En cuanto a la segunda pregunta, hay que decir que prácticamente todos los estudios que han analizado las diferencias entre los distintos tipos de bebida han encontrado que los bebedores de vino tenían menor riesgo o mayor beneficio, con respecto a las otras bebidas alcohólicas. Esta ventaja es más evidente si se asocia a la dieta mediterránea que también puede incluir el vino en sus componentes, en la que se ha demostrado que éste es el componente que puede aportar mayor beneficio a la dieta. El vino es rico en polifenoles y otros componentes con alta capacidad antioxidante, que probablemente justifiquen sus ventajas frente a las otras bebidas.

Como conclusión, los autores no responden abiertamente a la pregunta de si el consumo bajo-moderado de vino es la única bebida alcohólica que muestra beneficio, pero concluyen que el vino, frente a las otras bebidas, puede tener efectos beneficiosos para la salud, aunque este efecto está vinculado a la cantidad de vino consumido y a la calidad de la dieta. Por ello argumentan que debería educarse a la población acerca del tipo de alcohol, los límites de consumo y la dieta asociada, que puedan ser más recomendables, sin olvidar que hay pacientes en los que el consumo de alcohol no debe permitirse.

 

Artículo de Dr. Josep Masip

Presidente del Comité Científico de FIVIN