Estudios científicos

Alcohol Consumption Can be a “Double-Edged Sword” for Chronic Kidney Disease Patients

Abstract:

Excessive drinking of alcohol is becoming a worldwide problem, and people have recognized that there exists a close relationship between chronic kidney disease (CKD) and alcohol consumption. However, there are many inconsistencies between experimental and clinical studies on alcohol consumption and kidney damage. The possible reason for this contradictory conclusion is the complex drinking pattern of humans and some bioactivators in wine. In addition, the design itself of the clinical studies can also produce conflicting interpretations of the results. Considering the benefits of light-to-moderate alcohol consumption, we recommend that CKD patients continue light-to-moderate drinking, which is beneficial to them. Because alcohol consumption can lead to adverse events, we do not advise non-drinkers to start to drink. Although light-to-moderate alcohol consumption may not pose a risk to patients with CKD, the patients' condition needs to be considered. Consumption of even small amounts of alcohol can be associated with increased death risk. Additional clinical and experimental studies are needed to clarify the effect of alcohol on the kidneys and alcohol consumption on CKD patients.

Comentarios divulgativos:

 En esta revisión los autores repasan la evidencia existente sobre la relación entre el consumo y la enfermedad renal crónica.
Aunque la mayor parte del etanol se metaboliza en el hígado, los riñones también tienen un papel relevante en su metabolismo y excreción. Un consumo elevado conlleva un mayor esfuerzo renal y puede dar lugar a estrés oxidativo, inflamación y daños. Los riñones presentan un gran número de enzimas antioxidantes que pueden regular los procesos de oxidación, un consumo elevado se ha relacionado con la alteración de estos mecanismos y con una mayor producción de especies reactivas de oxígeno (ROS). Sin embargo, hay estudios que señalan que este efecto dependería de la concentración de etanol y del tiempo de exposición, de modo que concentraciones bajas podrían mejorar la capacidad antioxidante de las células renales, aunque aún se desconoce a qué dosis se produciría este efecto y en qué condiciones. Asimismo, se ha descrito que el etanol puede alterar el sistema renina- angiotensina, asociarse con hipertensión y con menores niveles de óxido nítrico y prostaglandina E2, dando lugar a un empeoramiento de la hemodinámica glomerular, de la función de los túbulos y producir cambios negativos en la morfología y función renal. Por otro lado, patologías derivadas del consumo elevado, como la cirrosis o la hepatitis alcohólica pueden ir asociadas a una alteración de la función renal.
Existen resultados contradictorios sobre el efecto del consumo en la función renal y sobre su influencia en el pronóstico de la enfermedad. Hay estudios que lo han relacionado con albuminuria y una menor tasa de filtración glomerular, mientras que otros observan resultados opuestos. Por ejemplo, hay estudios que sugieren que personas con un consumo bajo o moderado de vino tendrían un menor riesgo de albuminuria y enfermedad renal crónica, en comparación con personas abstemias. No obstante, algunos investigadores señalan que un consumo moderado podría ser un marcador de una adecuada integración social, bienestar y salud. Y por otro lado, factores como el sexo, la edad, la tasa de filtración glomerular inicial o la presencia de otras enfermedades concomitantes, así como otros factores genéticos pueden influir en la relación entre consumo y enfermedad renal crónica.

Los autores también señalan la presencia de compuestos bioactivos, principalmente polifenoles, en el vino. Los polifenoles se han relacionado con un efecto protector a nivel renal, con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antiagregantes.
El modo de consumo podría ser determinante en el efecto sobre la salud renal, no obstante son limitados los estudios que analizan este aspecto. Sería de interés realizar estudios que permitan conocer el impacto a nivel renal del consumo a largo plazo y saber cómo influye el patrón de consumo. Para que estos estudios sean útiles deberían contemplar posibles factores de confusión que podrían influir bien en el pronóstico de la enfermedad renal crónica o en los resultados observados: el hábito tabáquico, el consumo de drogas y fármacos, la dieta (dieta rica en grasas, café o bebidas energéticas), las razones del abandono del consumo (ej. por recomendación médica, sick quitters). Que sean representativos de la población. Y que utilicen una metodología óptima.
A modo de conclusión, esta revisión muestra que la evidencia científica disponible actualmente no permite afirmar que el consumo empeore la enfermedad renal crónica o incremente el riesgo de mortalidad por otras causas.