
Un nuevo estudio publicado en la revista Journal of General Internal Medicine refuerza la importancia de diferenciar entre niveles de consumo de alcohol al analizar el riesgo de cáncer
19 de junio de 2026
Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden del estudio REGARDS liderado por la Dra. Luana C. Pinheiro, de la Weill Cornell Medicine de Nueva York.
Publicado en Journal of General Internal Medicine, el trabajo analizó la relación entre distintos niveles de consumo de alcohol y la mortalidad por cáncer en una cohorte de 26.694 adultos mayores de 45 años seguidos durante una mediana de 13,3 años. La edad media fue de 64 años y el 56% eran mujeres.
Durante el periodo de seguimiento se registraron 2.306 muertes por cáncer. Tras ajustar los resultados por numerosos factores que pudieran influir en el riesgo de enfermedad y mortalidad —como la edad, el sexo, el tabaquismo, la obesidad, la diabetes, la actividad física o la situación socioeconómica—, los investigadores observaron que los participantes con consumos elevados presentaban un riesgo de mortalidad por cáncer un 21% superior al de los abstemios. Sin embargo, los consumidores moderados (hasta 14 bebidas/semana en hombres y hasta 7 bebidas/semana en mujeres) no mostraron un incremento de riesgo, mientras que, los bebedores ligeros (≤ 3 bebidas alcohólicas a la semana) mostraron un menor riesgo de mortalidad por cáncer (13%), aunque los propios autores advierten que este hallazgo debe interpretarse con cautela, ya que no puede descartarse la influencia de factores de confusión relacionados con el estado de salud previo de los participantes y las características propias del grupo de referencia de este estudio, formado por no bebedores.
Más allá de los resultados específicos, los autores señalan que las estrategias de prevención deberían alejarse de enfoques centrados exclusivamente en comportamientos aislados y adoptar una visión más integral del estilo de vida. Factores como la alimentación, la práctica de actividad física, el tabaquismo, el estado metabólico o el contexto social interactúan entre sí y contribuyen conjuntamente a los resultados de salud.
El estudio presenta fortalezas, entre ellas el elevado número de participantes, el largo periodo de seguimiento y el ajuste por múltiples variables potencialmente influyentes. No obstante, también tiene importantes limitaciones, entre ellas la de que el consumo de alcohol se registró únicamente a partir de la información declarada sobre los siete días previos al inicio del registro, por lo que el porcentaje de no bebedores en este estudio (63%) fue muy superior al habitual. Así, este grupo estaba formado por individuos con perfiles muy diversos: abstemios de toda la vida, no bebedores temporales por algún episodio intercurrente reciente, bebedores muy ocasionales o individuos que habían dejado de beber por motivos de salud. Esta heterogeneidad dificulta la comparación entre grupos y constituye una de las principales limitaciones del estudio.
Además, tampoco se registraron los patrones de consumo, ni su evolución a lo largo del tiempo, ni el tipo de bebida consumida o aspectos relevantes como el patrón de consumo, si se realizaba durante las comidas o en episodios puntuales de mayor ingesta.
El estudio reafirma el aumento de riesgo de cáncer con consumos de alcohol elevados, pero reabre el debate sobre el riesgo en los consumos ligeros y moderados. Los autores recomiendan que las estrategias de prevención del cáncer no han de centrarse en comportamientos aislados y deberían considerar perspectivas holísticas del estilo de vida.








