
Estudios científicos
A Glass of wine with My Dinner? A narrative.
Abstract:
The topic of alcohol consumption continues to be of great interest some 30 years on from the French PARADOX. This topic, rather than becoming clearer for consumers, is now increasingly controversial for scientists and consumers alike. In 1992, Renaud and de Lorgeril were the first researchers to suggest that wine consumed with meals is associated with cardiovascular health benefits. This was later extended to include health benefits for other aging-associated diseases and was duly translated into reducing risk from all-cause mortality. Described as J-shaped, this relationship is only observed when alcoholic beverages such as wine, are consumed moderately, generally considered as approximately 20 g per day for adult men and women. Over the last few years, however, the term ‘no safe level’ has crept into public health language and rhetoric, which suggests to consumers that not consuming any alcoholic beverage, with or without a meal, is the best option for their health. cordingly, alcohol drinking guidelines and policies have been modified. Has scientific evidence changed or is it merely a change in scientific and public health perception? What happened to the extensive research about the beneficial effects of the traditional Mediterranean diet and lifestyle, which includes moderate wine consumption as part of a meal? This paper explores the scientific evidence for including moderate wine consumption within a Mediterranean-style diet and lifestyle.
Comentarios divulgativos:
Esta revisión repasa los hallazgos científicos sobre el efecto en la salud de un consumo ligero-moderado de vino, como parte de un estilo de vida saludable como la dieta mediterránea, abordando las controversias existentes, especialmente en lo relativo al riesgo de cáncer y la indicación de que no existe un nivel de consumo seguro para la salud. ¿Ha cambiado la evidencia científica?
La evidencia más consistente disponible sobre el efecto del consumo de vino en las salud se basa principalmente en estudios observacionales, los cuales encuentran que un consumo de vino moderado, junto con las comidas, en el marco de la dieta mediterránea, se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad por todas las causas.
El patrón de consumo parece ser fundamental en el impacto en la salud del consumo de vino, no es sólo cuánto se bebe, si no también cómo: la cantidad consumida, la frecuencia de consumo, las características de la bebida, el contexto en que se consume, si acompaña a la ingesta de otros alimentos, y los hábitos de estilo de vida de la persona en conjunto. El consumo excesivo, tanto regular como episódico, se asocia inequívocamente con un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Mientras que el patrón de consumo mediterráneo caracterizado por la ingesta moderada de vino durante las comidas y distribuida a lo largo de la semana no se ha asociado con un incremento de la mortalidad.
En relación con el riesgo de cáncer, el riesgo del que parte cada persona varía, dependiendo de factores genéticos, ambientales y conductuales, entre los que destacan el tabaquismo, la obesidad, las infecciones y el consumo nocivo de alcohol. El riesgo debería evaluarse en conjunto con todos estos factores. Por ello, en ciertos casos, la abstinencia total puede ser la opción más segura. No se debe incentivar a personas abstemias o exebedoras a iniciar el consumo de alcohol por motivos de salud. En cambio, quienes ya consumen vino deberían ser orientados hacia un patrón mediterráneo de consumo: moderado, acompañado de las comidas, distribuido a lo largo de la semana y evitando cualquier forma de consumo excesivo. Este enfoque, basado en la evidencia, podría ser más realista y efectivo que las recomendaciones absolutas de abstención.
No obstante, la controversia persiste debido a que los estudios disponibles, en su mayoría de carácter observacional, presentan limitaciones. Las asociaciones no implican causalidad directa. En el futuro se espera disponer de resultados de ensayos clínicos aleatorizados de gran escala como el estudio UNATI, que proporcionen evidencia robusta sobre los efectos del patrón mediterráneo de consumo de vino en la mortalidad y la incidencia de enfermedades crónicas.