
Cómo interpretar la evidencia científica: una aproximación a los diferentes tipos de estudios
3 de septiembre de 2026
Cuando leemos que “un estudio científico demuestra que…”, es fácil quedarse únicamente con el titular. Sin embargo, para comprender realmente qué nos dice una investigación es importante conocer cómo se ha realizado y qué tipo de estudio es.
La investigación científica utiliza diferentes metodologías. Cada una responde a preguntas distintas y aporta información con diferentes características. Conocerlas nos ayuda a interpretar los resultados de una manera más rigurosa.
De la investigación en laboratorio a los estudios en personas
En la base de la pirámide encontramos las investigaciones in vitro, realizadas en células, tejidos o moléculas en condiciones de laboratorio. Son especialmente útiles para estudiar mecanismos biológicos y plantear nuevas hipótesis.
Las investigaciones con animales permiten estudiar esos mecanismos en organismos completos y observar determinados efectos antes de trasladar una hipótesis a la investigación con personas. Sin embargo, sus resultados no siempre pueden extrapolarse directamente al ser humano.
Los informes o series de casos describen lo observado en uno o varios pacientes. Pueden ser útiles para detectar fenómenos poco frecuentes o generar nuevas preguntas de investigación, aunque no permiten establecer por sí mismos relaciones causales.
También encontramos las opiniones, editoriales y artículos de reflexión, que pueden contribuir al debate científico y plantear hipótesis, pero no constituyen evidencia experimental en sí mismos.
Cuando la investigación se centra en poblaciones
Estudios observacionales aportan información muy valiosa sobre lo que ocurre en poblaciones reales. Sin embargo, una asociación entre dos factores no implica necesariamente que uno sea la causa del otro. Existen distintos tipos.
Estudios transversales analizan una población en un momento determinado, como una fotografía. Permiten conocer la frecuencia de determinados comportamientos, características o condiciones de salud y detectar posibles asociaciones.
Estudios de casos y controles, se comparan personas que presentan una determinada condición con otras que no la presentan para investigar posibles factores relacionados con ella.
Estudios de cohortes siguen durante un periodo de tiempo a grupos de personas que comparten determinadas características o exposiciones. Permiten estudiar cómo determinados factores se relacionan con resultados posteriores en salud y son especialmente útiles para analizar asociaciones a largo plazo. La mayoría de los estudios son de cohortes. Cuanto mayor sea la muestra y sean más detallados el seguimiento y los objetivos, mayor evidencia aporta, aunque este tipo de estudios definen asociaciones, no causalidades.
Intervención para comprobar una hipótesis
Los ensayos controlados aleatorizados permiten comparar diferentes intervenciones asignando a los participantes de forma aleatoria a distintos grupos. Este diseño reduce determinados sesgos y permite estudiar con mayor precisión si una intervención produce un determinado efecto, es decir, causalidad. Cuando los participantes y los investigadores desconocen la intervención asignada a cada grupo, se denominan “doble ciego” y este tipo de estudios aportan el grado más elevado de evidencia sobre un tema.
Por encima encontramos las revisiones sistemáticas y los metanálisis, que reúnen y analizan de forma estructurada los resultados de diferentes investigaciones sobre una misma cuestión, generalmente ensayos controlados aleatorios.
Una revisión sistemática puede ofrecer una visión global de la evidencia disponible, mientras que un metanálisis utiliza métodos estadísticos para analizar los resultados de diferentes estudios combinados cuando estos son suficientemente comparables.
La importancia de mirar más allá del titular
Esta clasificación no significa que un tipo de estudio sea automáticamente “bueno” y otro “malo”. La calidad del diseño, el tamaño de la muestra, la metodología utilizada, los posibles sesgos y la coherencia con el conjunto de la evidencia son fundamentales para interpretar cualquier resultado científico.
Por eso, ante una nueva investigación, conviene hacerse algunas preguntas: ¿qué tipo de estudio es?, ¿qué pregunta intenta responder?, ¿cómo se ha realizado?, ¿qué resultados obtiene? y, sobre todo, ¿cómo encajan sus conclusiones con el conjunto de la evidencia disponible?
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