
Estudios científicos
Alcohol, wine, and sleep in adults: Insights from a Narrative Review
Abstract:
Alcohol is widely consumed across cultures and is often used to facilitate relaxation or sleep initiation. This narrative review critically examines evidence published over the past decade (2015–2025) on the effects of alcohol, including wine, on sleep health in community-dwelling adults. Priority was given to systematic reviews and meta-analyses, followed by high-quality observational and experimental studies. Across study designs, evidence consistently shows that although alcohol may reduce sleep onset latency, it disrupts sleep architecture, suppresses rapid eye movement sleep, increases sleep fragmentation, and impairs breathing during sleep, particularly in the second half of the night. Habitual alcohol consumption is associated with poorer subjective sleep quality, insomnia symptoms, and increased risk of sleep-disordered breathing. Mechanistic pathways include effects on neurotransmission, sleep homeostasis, circadian regulation, thermoregulation, and alcohol metabolism during sleep. Evidence also suggests that the timing of alcohol intake and alignment with circadian rhythms may modify these effects, with earlier consumption potentially reducing some adverse outcomes. A brief section addresses the reciprocal relationship, showing that circadian disruption, shift work, and evening chronotype are associated with higher alcohol use. Although wine contains bioactive compounds such as melatonin and polyphenols, current evidence indicates that these components are present at levels insufficient to provide meaningful sleep benefits. Overall, alcohol, including wine, should not be considered a sleep aid, and public health messaging should emphasize dose, timing, and regularity of alcohol consumption in relation to sleep health.
Comentarios divulgativos:
Los estudios muestran de manera consistente que el efecto agudo del alcohol reduce la latencia del inicio del sueño, pero también que altera la arquitectura del sueño y reduce la fase de movimientos oculares rápidos (REM). El consumo crónico habitual de alcohol aumenta la fragmentación del sueño, se asocia con una peor calidad subjetiva del sueño, síntomas de insomnio y un mayor riesgo de trastornos respiratorios como la apnea del sueño.
La evidencia sugiere que el momento de la ingesta de alcohol y la alineación con los ritmos circadianos pueden modificar sus efectos, y el consumo más temprano podría reducir algunos efectos adversos. Así, el intervalo entre la última bebida y el sueño es crucial y debería evitarse el alcohol 3 a 4 horas antes de acostarse, como una estrategia para permitir el metabolismo parcial del etanol. Debe considerarse que las mujeres experimentan una mayor interrupción del sueño con dosis más bajas.
Hay una relación recíproca, mostrando que la alteración circadiana, el trabajo por turnos y el cronotipo vespertino se asocian con un mayor consumo de alcohol.
Aunque el vino contiene compuestos bioactivos como la melatonina y los polifenoles, la evidencia actual indica que estas sustancias están presentes en niveles insuficientes para proporcionar beneficios significativos para el sueño. De hecho, hay muy pocos estudios que analicen el impacto diferencial del vino con el sueño.
En general, el alcohol, incluido el vino, no debe considerarse una ayuda para dormir, y los mensajes de salud pública deben enfatizar en la dosis, el momento de la ingesta y la regularidad del consumo de alcohol en relación con la salud del sueño.
Comentario: Este artículo forma parte del número especial monográfico actualmente en desarrollo en la revista Nutrients, “Lifestyle, Dieta, wine and health” basado en los congresos organizados bajo este nombre en Toledo 2023 y en Roma 2025, con el soporte de FIVIN y el Wine Information Council (WIC). El estudio analiza el impacto del consumo de alcohol en el sueño destacando que, aunque lo induzca rápidamente, altera su arquitectura, lo fragmenta, acorta y favorece los trastornos de la respiración (apnea del sueño), con una peor calidad subjetiva del sueño. Destaca que la evidencia proviene fundamentalmente de estudios sobre el efecto del alcohol, con muy poca información sobre el efecto del vino. El autor propone una serie de recomendaciones para reducir el impacto del alcohol en el sueño (Tabla 2).
