
Estudios científicos
The Unfinished Debate on Wine and Other Alcoholic Beverages: Conflicting Evidence, Public Health Messages and the Missing Trial
Abstract:
The overall health impact of alcohol remains controversial. The Global Burden of Disease (GBD) study made headlines in 2018 by stating that zero alcohol was the safest option. However, its 2022 update introduced age-specific adaptations, asserting that moderate drinking may offer net benefits in some populations. The 2025 U.S. Surgeon General report also discouraged any alcohol intake because of associated cancer risks, but a simultaneous report by the National Academies emphasized tailoring recommendations to individual risks. Mendelian randomization (MR) studies found no health benefits and highlighted increased risks—even at low alcohol doses—challenging dozens of conventional epidemiologic findings in large observational cohorts, some of them of high methodological quality. Given these contradictions, there is a pressing need for large randomized controlled trials in drinkers promoting cessation versus moderation. While small trials have shown some metabolic and cardiovascular benefits of moderate red wine consumption, no large-scale randomized trial has yet assessed hard clinical outcomes comprehensively. Without such evidence, debates will persist. Current guidelines appropriately discourage alcohol in certain populations, but generalizations such as “no safe level of alcohol” might lack sufficient empirical support and perhaps they need a tailored and practical strategy in the context of precision medicine. A balanced, evidence-based approach—free from bias, independent of the industry and grounded in rigorous research—is essential for informed public health policy decisions.
Comentarios divulgativos:
El impacto general del alcohol en la salud sigue siendo polémico. Los estudios observacionales han mostrado curvas en J con beneficios con consumos bajos, pero tienen sesgos por factores de confusión como el impacto del nivel de vida, los hábitos saludables, la abstinencia por enfermedad (sick quitters), la causalidad inversa o el consumo autorreportado.
El informe del (GBD) que elabora estudios periódicos sobre los factores de riesgo de mortalidad y discapacidad en los que se basa la OMS, acaparó titulares en 2018 al afirmar que el consumo cero de alcohol era la opción más segura. Sin embargo, su actualización de 2022 introdujo adaptaciones específicas por edad, afirmando que el consumo moderado puede ofrecer beneficios netos en algunas poblaciones, y cuando la edad es >40 años.
El informe del Cirujano General de EE. UU. de 2025 también desaconsejó cualquier ingesta de alcohol debido a los riesgos de cáncer asociados, pero un informe simultáneo de las Academias Nacionales enfatizó la adaptación de las recomendaciones a los riesgos individuales. La mayoría de estudios de aleatorización mendeliana (MR), basados en genes de predisposición a beber, no han encontrado beneficios para la salud y describen un aumento de los riesgos —incluso con dosis bajas de alcohol—, desafiando decenas de hallazgos epidemiológicos convencionales en grandes cohortes observacionales, algunas de ellas de alta calidad metodológica. Cabe señalar que la MR evalúa predisposiciones al consumo de riesgo, pero no puede evaluar el patrón de consumo que se ha mostrado como determinante.
Así, numerosos estudios han destacado que no solo es importante la cantidad de etanol consumida, sino también el patrón de consumo. El patrón de consumo se configura según el tipo de bebida (vino frente a otras bebidas alcohólicas), la frecuencia de su consumo (un consumo regular moderado frente a picos irregulares elevados de consumo) y el contexto de consumo (con las comidas, asociado a dieta y a estilo de vida saludable). Todos estos factores juegan un papel fundamental.
Dadas las contradicciones, existe una necesidad urgente de realizar grandes ensayos controlados aleatorios (RCT) en bebedores que promuevan la cesación frente a la moderación.
Si bien ensayos pequeños ya han mostrado algunos beneficios metabólicos y cardiovasculares del consumo moderado de vino tinto, ningún ensayo aleatorio a gran escala ha evaluado aún los resultados clínicos definitivos de forma exhaustiva. Sin esa evidencia, los debates persistirán. Las guías actuales desaconsejan adecuadamente el alcohol en ciertas poblaciones, pero las generalizaciones como ‘ningún nivel de alcohol es seguro’ podrían carecer de suficiente apoyo empírico y necesitan una estrategia adaptada y práctica en el contexto de la medicina de precisión. Un enfoque equilibrado y basado en la evidencia —libre de sesgos, independiente de la industria y fundamentado en investigaciones rigurosas— es esencial para las decisiones de política de salud pública informadas.
Comentario: Se trata de una revisión extensa y objetiva de la evidencia científica existente de los efectos del alcohol y el vino en la salud. El artículo forma parte del número especial monográfico actualmente en desarrollo en la revista Nutrients, “Lifestyle, Dieta, wine and health” basado en los congresos organizados bajo este nombre en Toledo 2023 y en Roma 2025, con el soporte de FIVIN y el Wine Information Council (WIC). El estudio destaca la importancia del patrón de consumo, la necesidad de que las recomendaciones de consumo sean personalizadas, y la necesidad de superar los estudios epidemiológicos de cohortes con estudios aleatorios de intervención, que proporcionarán evidencia definitiva de las verdaderas ventajas y riesgos del consumo moderado.